Hay niños con dificultades o dificultades producidas porque el niño/a se tiene que enfrentar a una tarea difícil, y es difícil porque no se corresponde con su edad o no es acorde con su proceso cognitivo. Esta concordancia se puede evaluar a través del avance en el desarrollo del pensamiento lógico matemático.
¿En qué consiste una tarea fácil? Fácil no significa una tarea obvia, sino una pregunta que enfrenta al niño/a a un reto, pero su nivel de complejidad le permite resolverla a través de sus propias estrategias: Cuando lo logra se siente feliz, con el corazón tranquilo, como decía Federici.
Se explican las dificultades en el aprendizaje de la matemática cuando el niño tiene que hacer una tarea “difícil” lo que le genera frustración y se dice cosas como: “No puedo”, “Soy bruto”, y se compara con otros pares o con su hermano/a, primo/a: “No soy tan inteligente como…”. Estos pensamientos atacan su autoestima y le dejan huellas imborrables que se quedan guardadas en el inconsciente, pero que surgen ante cualquier otra situación de su vida que considera difícil, no solo de la matemática, sino ante cualquier situación cotidiana, inclusive en su vida de adulto. ¿Cuál es la estrategia que usa para sobrellevar esta situación? La evita y busca otras alternativas que más que ayudar a borrar las huellas, las profundizan. Y esa negación actúa incesante y repetitivamente a lo largo de toda su vida.
Cuando el niño experimenta esa frustración una vez, ya no hay vuelta atrás. A pesar de las terapias, la fila de profesores particulares, los padres de familia que se desesperan y se culpan, porque así no se lo digan a su hijo/a se lo dicen a ellos mismos: “mi hijo/a es bruto”. Cada vez que pasa a un nuevo curso, las tareas se le hacen más difíciles y las evita, dejando su resolución en manos de un profesor externo o de los padres, por lo general del padre, y así cada vez la frustración es mayor, al igual que su inhabilidad para realizar la tarea.
Comienza la feria de los diagnósticos y terapias. El diagnóstico que más llama la atención, porque suena bastante ridículo, es la “Discalculia”. Según el diccionario de la Real Academia significa: Trastorno de la capacidad de resolver problemas matemáticos elementales causado por una lesión cerebral.
No imagino el torrente de pensamientos negativos que le surgen a un niño/a que ha sido diagnosticado de esa forma, no necesariamente con lesión cerebral. Ni qué decir de los pensamientos que se atraviesan en la cabeza de sus padres, hermanos y demás familiares. Cuando lo escuché entré en shock, no porque me lo hayan “detectado” a mí, si no por el dolor que le causó al niño/a que se lo dijeron y que se lo escribieron en un reporte para que fuera leído por padres, profesores, coordinadores y por él mismo. Además, es una deshonra para el niño como ser humano: porque tiene la connotación de “sin cerebro”. Así como los cálculos (piedras) en el riñón son los más dolorosos para el cuerpo y este diagnóstico o cualquier otro le produce dolor al niño/a cuando debe enfrentarse todos o casi todos los días a esos “garabatos” que escribe el docente en el tablero y que él debe copiar y repetir hasta que los ojos no dan más cerca de las 10 de la noche.
O si corre con suerte, lo diagnostican con SÍNDROME DE DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD. ¿Hay tal cosa? Qué dolor. Tan solo leerlo es un problema. Ensaya a leerlo. Cuando vas en actividad ya estás tan deprimido que ni te das cuenta que viene el otro golpe: hiperactividad. WUA. ¿Qué piensa un niño cuando le dicen que tiene eso y que además tiene que tomar un remedio todos los días que se llama RITALINA u otros nombres aún más impronunciables?
La necesidad de rotular al niño/a y echarle la culpa de su incapacidad para aprender no tiene en cuenta los efectos en su autoestima cuando escucha dichos diagnósticos u otros aparentemente más leves: perezoso, distraído, necio,…
Las tareas acordes con el proceso cognitivo del estudiante partiendo de la acción del niño/a sobre el material didáctico le permiten lograr la generalización que es en últimas la meta del aprendizaje de la matemática. Estas actividades le interesan porque están relacionadas con situaciones que él conoce y vive diariamente, y así la matemática puede dejar de ser el espacio educativo donde más del noventa por ciento de los estudiantes “sufre” con consecuencias negativas que afectarán dramáticamente su vida de adulto.
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